Un lugar de este mundo

El viento canta en las copas de los árboles esta hermosa canción llena de anhelos: queremos ir a casa, sólo a casa, y el tiempo pasa tan lento cuando esperamos que se cumplan nuestros fervientes deseos. Quizá esperaremos hasta fallecer. ‘Iris’ (Autor desconocido)

La conciencia que se nos despierta tras la visita al ‘Lager’, siempre nos acompaña. Regresamos a casa pensando que estuvimos allí y, sin embargo, no los sentimos. No hay voz en los campos de exterminio. ¿Qué más podemos decir ante esa atroz aniquilación humana que nos fue relatada? Sólo lo que sentimos. Nada. Un silencio asfixiado.

Miramos ahora las puertas y vemos ahí sus miradas, oímos cómo las piedras nos llaman, sentimos lamentos que de las grietas escapan, tocamos los muros que guardan impreso su anhelo. ‘Los ojos vacíos y el vientre frío’ que Primo Levi testimonió, entran en nuestra casa y grabamos, por fin, en nuestro corazón sus palabras, dejando entre sus huellas, las nuestras.